The Red String Club

Quizá haya puesto mis pies en un lugar donde no me llaman por mi nombre, en un páramo aún hostil y ambiguo.

Apenas comienzo el tercer análisis y ya me veo asaltado por las dudas, dando tumbos sin saber si me hallo perdido o no, y qué mejor obra para tratar que aquella donde el destino compone tanto la trama como el título de la misma, Red Strings Club.

The Red String Club

 

Este título viene de la mano de Deconstructeam, autores de Gods will be watching. Obra que aún no he tenido el placer de probar pero he de admitir que se encuentra en el punto de mira.

Procuraré no hablar en exceso de la historia puesto que al ser el eje del título el rozar algo ajeno a la superficie no haría sino empeorar vuestro disfrute a la hora de encarar la obra. No considero lógico el tratar algo que trascienda los hechos aislados, dado que estos, sin un contexto claro, no son más que eso, meros datos.

El juego comienza apelando al recurso in extrema res, mostrándonos parte de lo que podríamos denominar el desenlace del juego. En esta escena aparece un personaje el cual es arrojado o se arroja al vacío, un vacío de corte similar al que nos enfrentamos nosotros a la hora de elucubrar los posibles sucesos que han provocado ese acontecimiento. En el transcurso de la misma, podemos observar en el reflejo de los cristales una sociedad absurdamente industrializada, la cual más tarde se nos definirá de forma tácita como una distopía, excesivos carteles de neón y una clara hegemonía por parte de una de las grandes corporaciones, Supercontinent LTD.

El hecho de que pueda considerarse como una distopía no se remite a lo nombrado anteriormente, también encararemos ciertos temas como los implantes (dudo que sea necesario explicarlos pero aun así lo haré), los cuales encontrarán su utilidad en la mejora de las capacidades humanas tanto físicas como mentales y más tarde ocuparán un puesto relevante en el discurrir de la trama.

La historia oscilará en torno a tres personajes: Donovan, Brandeis y Akara, esta última será la cúspide tecnológica en androides pese a que la imagen inicial que nos brindará muestre todo lo contrario, ya que la encontraremos totalmente desvencijada mientras trataba de acceder al bar que Donovan regenta, Red Strings Club.

Me desplazaré ahora al tema de las bebidas, mecánica cuanto menos innovadora y, por ende, refrescante, la cual nos permitirá acceder a las diferentes ramas que ofrece la conversación con los otros personajes. Nosotros encarnaremos a la musa que Donovan precisa para lograr la inspiración pertinente que le permite crear bebidas dignas de la reputación del local, los licores que usaremos nos servirán para contactar con las emociones de los clientes e, incluso, cambiarlas a placer, variando a su vez el diálogo que entablamos con estos y logrando de esta forma las respuesta que necesitamos para avanzar. Las diferentes emociones se denominarán nodos del alma, representados mediante círculos de diversos tamaños y en distintas posiciones, hemos de alcanzar estos mediante la mezcla de los variados brebajes que pone a nuestra disposición el título.

The Red String Club

 

Como todo juego que, en mi humilde opinión, se precie, nos arrastra a ciertas diatribas mediante la narración de la historia que nos harán reflexionar, en este caso hallaremos la pregunta tácita sobre la esencia del ser humano, ¿qué hacer al ser humano, humano? Esta cuestión parte de la raíz industrial en la que está arraigada la sociedad, puesto que gran parte de la población apela a los implantes en aras de mejorar sus capacidades físicas o de modelar tanto su personalidad como sus aptitudes mentales.

¿Han perdido su esencia por las transformaciones físicas a las que se someten o ésta se encuentra exclusivamente en el alma o en la mente, la cual también se subyuga a un nuevo tipo de realidad que está en auge?

¿O quizá nuestro cuerpo siempre ha sido poco más que una máquina? Desde una perspectiva biológica o incluso cartesiana, no sería un error categorial el definir nuestro cuerpo como una máquina, más bien sería una comparación relativamente certera. Hemos de tener en cuenta que somos poco más que el resultado de ciertos procesos evolutivos con la influencia tanto directa como indirecta del hombre.

De nuevo nos hallamos ante un papel en blanco, no hay respuestas y aún no ha sido formulada la pregunta. El juego nos pide que seamos sagaces, que barajemos posibilidades con los datos que nos muestran para alcanzar nuestras propias conclusiones. Nos ceden las herramientas pero ni siquiera nos dicen qué hemos de construir o si tan siquiera hemos de construir algo.

A mi parecer se nos muestra en el juego un mundo donde el egocentrismo propio del hombre ha superado con creces el actual, por difícil que pueda sonar, y nos vemos impelidos a darle la razón a Hobbes o a Plauto con su tan famosa frase: “El hombre es un lobo para el hombre” a la cual añado: y un dios para sí mismo.

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